La vibración del relato aumenta cuando Alma encuentra a Lucio, un hombre de manos grandes y ojos como discos rayados. Lucio fue una pieza clave del pasado: su voz habĆa cantado la canción aquella noche de lluvia. Encontrarlo fue como abrir una grieta en el tiempo. Lucio negó al principio, pero la mĆŗsica tenĆa memoria. Entre ambos se tejió una conversación cortante, plagada de silencios largos como invierno.